sábado, 25 de octubre de 2025

Prólogo

 En lo único que una persona puede creer con certeza es en sí misma y en su propia experiencia. En todo lo demás hay un gran lugar para la duda, comenzando porque incluso los propios padres han mentido u omitido información bajo el pretexto de proteger a los hijos, pero esa idea solo es una prolongación de sus miedos y parte del deseo inconsciente de realizarse a través de su descendencia.

No hay razón para creer en algo de lo que está escrito en los libros de historia porque todo lo expresado solo es la versión de quienes se han impuesto por la fuerza en las guerras vividas por la humanidad, unas narraciones que, por supuesto, excluyen la versión de los derrotados o los sometidos por los vencedores. Solo hay medias verdades.

El hecho de que un evento como el alunizaje de 1969 sea objeto de cuestionamiento por cuenta de argumentos que sustentan que solo se trató de un gran montaje, da cuenta de que ni siquiera la historia reciente es digna de crédito. El descubrimiento de que la biblia no es un libro sagrado ni fruto de inspiración divina sirve para entender el derrumbe generalizado de la fe en las religiones y la desconfianza en las instituciones que supuestamente velaban por el bien de la humanidad. Las noticias son un circo y la historia igual.

Todo esto refuerza la afirmación de que el viaje espiritual ya no es a la India sino al interior de cada individuo porque las respuestas nunca han estado afuera y el panorama que se aprecia es desmotivador y demuestra que ni siquiera las instituciones civiles laicas han podido lograr orden y paz en el mundo. Y ya no lo van a lograr.

Si todo lo escrito sobre historia de la humanidad no es cierto, si todo lo que se ha planteado sobre mitologías y orígenes alienígenas del ser humano tiene algún sentido, o si todo lo que se plantea en relatos de ficción es un anticipo de lo que se viene a continuación en el panorama mundial, el punto es que la verdad interior de cada cual es la que decide qué toma en cuenta y qué no y la que determina los potenciales escenarios, todos posibles.

La inteligencia artificial plantea una posibilidad extra de acceder a la virtualidad como si esa fuera la realidad y el cerebro humano tiene la capacidad de adaptarse a todos esos escenarios, pero tanto como adaptabilidad a entornos el humano cuenta con la inteligencia para transformarlos según sea su voluntad y en parte por eso no es factible hablar de verdades absolutas. Todo es posible. Cuando se plantea que el ser humano no tiene límites, es verídico.

El asunto es que la humanidad, a la luz de todo lo que acontece, está en un punto crucial, en una transición que posibilita el ascenso, la continuidad o la caída. Ascenso en el sentido espiritual, continuidad en el sentido de seguir llevando la vida caótica y absurda que afronta, o la caída en el sentido de la extinción y esto último se agudiza con el desarrollo de la inteligencia artificial y el transhumanismo. Cualquiera de esas situaciones puede ocurrir y constituirse en una auténtica realidad. Lo que cada uno cree en su fuero interno determina lo que sigue a continuación, incluida la incorporación a distintas líneas de tiempo. El universo es más complejo de lo que se vislumbra en los planteamientos filosóficos y científicos.

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